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in Revista Chilena de Antropología
Introducción al dossier jornadas de etnohistoria, historia indígena y antropología histórica en (la) Chile
El 18 de octubre del 2019 será recordado en el futuro como el día del estallido social en Chile, tras la cual han emergido un sinnúmero de reivindicaciones que han develado un país con exagerados niveles de desigualdad. Algunos aspectos de esta crisis ameritan nuestro comentario en la presentación de este dossier: la emergencia de la necesidad de un cambio constitucional que asegure modificaciones estructurales en el sistema chileno, y entre ellas -una demanda que tiene varias décadas-, el reconocimiento constitucional de los pueblos originarios y, por lo tanto, el establecimiento de un Estado Plurinacional. La construcción y legitimidad histórico-política de un Estado no puede sostenerse en las convicciones limitadas de ciertas clases sociales, étnicas, raciales, de género, etc., sino que debe abrirse tanto a aquellas exigencias que la interpelan desde fuera, por ejemplo, el respeto a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, como a aquellas que lo hacen desde dentro, como las demandas culturales, políticas o territoriales de los pueblos indígenas.
En este sentido, consideramos que la valoración de la plurietnicidad de una nación requiere a su vez el reconocimiento de la historia de aquellos pueblos que fueron sometidos, conquistados e incorporados en dicho proceso. En la Universidad de Chile se han desarrollado las investigaciones de quienes pueden ser considerados impulsores de la Etnohistoria en Chile: Jorge Hidalgo, Osvaldo Silva, José Luis Martínez, Victoria Castro, Rolf Foerster, Sonia Montecinos -entre otros-, en diálogo y reconocimiento constante con investigadores de otras instituciones como Jorge Pinto y José Bengoa, principalmente. Es por ello por lo que este dossier se inicia con un obituario a Osvaldo Silva Galdames, escrito por Jorge Hidalgo, como parte de un pequeño agradecimiento que hemos querido hacer a sus aportes historiográficos a la etnohistoria en Chile.
En la misma línea, desde hace algunos años, algunos profesores de la Universidad de Chile de las áreas de historia, antropología y arqueología quisimos generar una instancia de reflexión académica que tuviera como temática central la historia de los pueblos originarios. Organizamos el año 2013 las Primeras Jornadas de Etnohistoria, Historia Indígena y Antropología Histórica en Chile, pues no había hasta ese entonces ninguna reunión académica nacional de este tipo. Tres años más tarde retomamos la iniciativa, pero con el objetivo de generar un espacio en el que pudiéramos intercambiar los avances de las investigaciones de quienes reconocen su trabajo dentro del ámbito de la etnohistoria, forjando un espacio (en la Chile) con tiempo necesario para escucharnos (aspecto cada vez más escaso en los encuentros académicos) y debatir sobre las diversas temáticas que nos convocan. En este transcurso, hemos contado con el apoyo y constancia de varios colegas y amigos tanto de la Universidad de Chile como de otras universidades. Además, en las últimas versiones se han incorporado como integrantes activos la Mesa de Historia Mapuche (que además participa en diversos encuentros de historia). Es así como desde el año 2016 realizamos las Jornadas de Etnohistoria en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, donde nos hemos reunidos investigadores, académicos, artistas y pensadores que han manifestado su interés en participar.
La publicación de este primer dossier de las Jornadas de Etnohistoria se concretiza en este escenario, para reunir reflexiones que los autores han presentado de sus investigaciones en algunas de las cuatro primeras versiones de las Jornadas. Estas reflexiones tienen en común el abrir tanto la comprensión como la imaginación de lo que pueden ser los sujetos, los acontecimientos o la historicidad misma, más allá de los marcos historiográficos y etnológicos restringidos que los discursos hegemónicos estatales o trasnacionales, utilizan para definir y gestionar categorías como las de nación, identidad, cultura o diversidad, por nombrar solo algunas. Y esta potencia crítica incubada por la pregunta etno-histórica, se vuelve aún más relevante en el contexto actual de desnaturalización de los ordenamientos ideológicos e institucionales de lo que se solía entender por Chile y su propia configuración histórica. En este marco la cuestión mapuche aparece como un punto clave.
La potencia histórico-política con que a lo largo de la historia esta sociedad ha logrado afirmar no solo, o no tanto, una identidad, como una diferencia y un cuestionamiento permanente a los intentos por naturalizar el orden soberano impuesto desde cierto centro social y geográfico de Chile, constituye un antecedente explícito a los actuales intentos por cuestionar y reformular las condiciones de lo que debe entenderse como un vínculo entre ciudadanos, colectividades y Estado. Y aquí es importante detenerse en esa posible tensión entre la afirmación de una identidad versus la de una diferencia, pues ella en cierta forma resume lo planteado por Enrique Antileo en su estudio comparativo respecto del lugar de la tradición y el culturalismo, así como de las posturas anti-tradicionales y anti-culturalistas en los movimientos aymara, mapuche y quechua de fines del siglo XX y principios del XXI. Antileo logra demostrar cómo las categorías de tradición o cultura, lejos de responder a expresiones de un esencialismo unívoco e inmutable, han funcionado como categorías dinámicas, heterogéneas y funcionales a contextos históricos y demandas específicas. Queda por ver si en última instancia lo políticamente pertinente es esta apertura de la tradición al cambio y al contexto o si, por el contrario, hay que considerar las consecuencias políticas que puede implicar lo tradicional, no tanto como contenido, sino que como un lugar privilegiado de enunciación y como una estrategia de legitimación de los enunciados.
Por otro lado, se puede decir que el contexto de legibilidad del artículo de Enrique Antileo es justamente lo que expone Pedro Canales en su mapeo de esta suerte de explosión historiográfica mapuche desarrollada desde el año 2006. Mediante la exhaustiva reseña de textos, autores y autoras que han escrito sobre la condición histórico-política mapuche, aparecen nuevamente preguntas historiográficas claves, como por ejemplo la del lugar del testimonio y la experiencia como posible objeto de reflexión histórica en la medida en que muchas veces se trata de textos que no solo hablan “sobre” esta condición histórico-política mapuche, sino que “desde” ella. A esta condición experiencial, pero también militante, se añade el problema del juego de in/traducciones entre las categorías historiográficas wingka y mapuche, como nos lo indica la referencia al “nütram”, que Canales presenta como un instrumento o dispositivo tanto epistemológico como políticamente necesario.
Es importante considerar también que la posibilidad de una historiografía políticamente situada implica la relectura de fuentes y autores más allá de los códigos historiográficos oficiales o dominantes. Es el caso del artículo de Viviana Gallardo sobre la descripción etnográfica que Ignacio Domeyko hace de la sociedad mapuche. Allí la autora muestra cómo Domeyko escapa a muchos de los discursos de la época en torno a los mapuche, en especial a los referidos a su condición de salvajes primitivos y precarios, instalando por el contrario la imagen de un pueblo tan próspero como espiritual, lo que ha terminado siendo políticamente trascendente, pues en cierta forma ha funcionado como uno de los principales insumos historiográficos para los discursos reivindicativos actuales.
Y también es el caso del artículo de María Pía Poblete, el cual se interna en un capítulo complejo, violento y arbitrario, que comprometió la humanidad de niños y niñas Mapuche-Huilliche entre los siglos XVIII y XIX en Valdivia. Ser “mocito” o “chinita” no solo fue una práctica común en la estructura económica racializada colonial en Chile, sino otras prácticas como el “rapto” y la “venta” de niños y niñas indígenas. La autora por medio de archivos locales y nacionales, centrando su mirada en Valdivia, La Unión y Osorno, caracteriza diáfanamente esta situación histórica invisibilizada, pero además demuestra que los niños y niñas fueron parte de relaciones de intercambio, en momentos de precariedad material familiar, lo que implica visualizar la situación Mapuche-Huilliche entre el último siglo colonial y el primero de corte republicano.
Por otra parte, dicho cuestionamiento a lo tradicional, a los lugares de enunciación y estrategias de legitimación requieren de un conocimiento más profundo de las epistemologías propias. En este sentido, el artículo de Larach hace una propuesta en que aplica concepciones ontoepistemológicas contemporáneas de la cultura mapuche a sus congéneres del siglo XVII buscando dar una explicación a la actitud de aceptación y/o rechazo a la ceremonia fúnebre cristiana, donde su accesibilidad estaría condicionada al acto social comunitario, surgido del az mapu.
Otro de los aspectos que requiere de permanente cuestionamiento y reflexión son las fuentes, documentos y materiales con los que se enuncian las representaciones y se construyen aquellas otras historicidades. El trabajo de Hidalgo e Inostroza confronta dos tipos de fuentes demográficas, una administrativa y otra eclesiástica, para explicar un fenómeno demográfico macro (el aumento de la población a fines del siglo XVIII) a partir de lo que ocurre en un microespacio indígena, de origen aymara, como es la doctrina de Belén, demostrando que el incremento en dicha localidad se debe a la migración de forasteros, lo que les da la oportunidad para repensar el concepto tradicional de sujeto foráneo en el contexto andino, haciendo notar que dichos marcadores se desvanecen con el tiempo, inclusive en los documentos.
Por su parte, Bosco González problematiza la relación entre las fuentes escriturales y los sistemas de comunicación visuales de origen prehispánico que coexistieron en el período colonial en el sur andino, lo que se problematiza a partir de diversas evidencias rupestres coloniales y el análisis comparativo de estas fuentes etnohistóricas producidas en las últimas décadas sobre Tarapacá. En la línea del cuestionamiento a las materialidades, la propuesta de Catalina Soto se interna progresivamente en la producción de cultura material, cruzada por aspectos claves en los objetivos de control y fiscalización de la población, tanto en el antiguo Tawantisuyu como en el Imperial español y su rol “civilizatorio”, en cuanto colonizadores, cuya premisa validante del poder era, en gran medida, la religiosidad y sus centros ceremoniales, que junto con este rol, eran pulmones políticos innegables.
En la disputa entre soportes de memoria y representaciones, el trabajo de Margarita Alvarado, Ignacio Helmke y Xochitl Inostroza aborda una fotografía tomada en el siglo XIX que registraría un encuentro (trawün), como inicial para una investigación de diversas fuentes de archivo textuales y visuales, donde se propone un análisis interdisciplinario entre imágenes y documentos, que otorga luces y propone reflexiones sobre ciertos acontecimientos que se dieron entre la sociedad mapuche y las misiones de los hermanos Capuchinos (italianos), buscando coincidencias y distancias entre fuentes textuales y visuales.
Finalizamos con el trabajo de Alejandro Viveros en torno a las crónicas Historia de la conquista y la Historia de la venida de los mexicanos y de otros pueblos, ambas de Cristóbal del Castillo, junto a Relación de la ciudad y provincia de Tezcoco de Juan Bautista Pomar, que son la plataforma reflexiva del autor a la hora de entramar una visión filosófica política en base a una triada que tensiona lo hispano y lo indígena también: los modos de gobierno, la justicia y aspectos culturales. Los “indios letrados” y/o “traductores culturales” se erigen como creadores de letras mestizas que remecen lo establecido, generando la necesidad de repensar certezas coloniales novohispanas.
Aunque la producción historiográfica referente al mundo indígena ha avanzado notoriamente en Chile y América Latina en las últimas décadas, la profundización del conocimiento y la reflexión en torno a su historia requieren aún de un esfuerzo que permita la verdadera valoración de su aporte en las sociedades mestizas y que no vuelvan a ocurrir en nuestro continente sucesos como los que hemos presenciado en Bolivia en los últimos meses: la quema de la Wimpala, la elevación de la Biblia al rango de talismán de Estado y en general la denigración instituida de los pueblos o las naciones originarias. En este singular contexto histórico, organizadores, editores y autores esperamos aportar un grano de arena en la apreciación, difusión, descolonización y construcción de conocimiento sobre la historia pluriétnica de los pueblos de Chile y América.
Copyright & License
Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons
Author
Xochitl Inostroza
Universidad de Chile. Chile, Chile
Author
Andrés Menard
Universidad de Chile. Chile, Chile
Author
Pedro Canales
Universidad de Santiago de Chile. Chile, Chile